Viajeros

Los habitantes de las islas del Pacífico son de los viajeros más expertos que han cruzado los océanos del planeta, explorando y asentándose en una zona que cubre más de un tercio de la superficie de la Tierra. Para trasladarse, los distintos pueblos idearon complejas tecnologías partiendo de un profundo conocimiento del entorno. Los navegantes sabían leer el mar y el cielo, de día y de noche, para ir y venir surcando las aguas.

El primer asentamiento del Pacífico fue en la isla de Nueva Guinea, cuando formaba parte de un continente de mayores dimensiones conocido como Sahul. Los viajeros llegaron a Sahul hace más de 60.000 años, procedentes de islas situadas más al oeste. Aotearoa (Nueva Zelanda) fue la última gran masa terrestre en poblarse, hace unos 800 años.

Los pueblos de Oceanía llevaban una vida cosmopolita mucho antes de que los europeos llegasen a la región. Para los isleños, el mar era como una vía de comunicación que los conectaba, salvando el espacio y la diversidad lingüística, con parientes, amigos y vecinos, así como con desconocidos y enemigos.

«El océano que llevamos dentro»

La proximidad al agua ha determinado la forma de vida de los habitantes de las islas. En muchos casos significa vivir cerca del mar, pero en Nueva Guinea las principales vías de comunicación son los grandes ríos Fly y Sepik.

Esa relación íntima con el agua significaba que, cuando los isleños partían de viaje en canoa, tenían todos los conocimientos necesarios para sobrevivir. Sabían de mareas, corrientes, vientos y estrellas, y empleaban esa información en la navegación. Las rutas de vuelo de los pájaros y los hábitos de los animales marinos también resultaban útiles para orientarse.

La tecnología náutica

Las travesías por mar requerían algo más que conocimientos expertos de náutica y navegación a vela. Los habitantes de las islas del Pacífico idearon toda una serie de artefactos que les permitían recorrer enormes distancias, a veces en condiciones difíciles.

Existía una gran variedad de remos para los distintos tipos de canoas, a menudo con decoraciones o tallas muy elaboradas. Quien manipulaba los grandes remos de dirección iba de pie en la popa. Las velas, algunas de hasta diez metros de altura, se tejían con fibras vegetales. En las canoas también se transportaban herramientas e instrumentos para obtener y almacenar los alimentos y el agua necesarios para una larga travesía.

Bendiciones divinas

En toda la región, son muchas las personas que aseguran que sus ancestros se remontan a unos seres divinos que vivían en el mar. En muchas islas, las bendiciones de los dioses eran un elemento crucial en los viajes.

Algunas canoas llevaban imágenes de divinidades talladas en la proa y la popa y, antes de emprender una travesía o una expedición de pesca, se les hacían ofrendas.

Miradas contrapuestas

En los primeros periplos europeos a Oceanía solían viajar dibujantes y artistas con preparación específica para recoger detalles concretos de los paisajes, la flora, la fauna, así como recabar información sobre los pueblos con los que se cruzaran. Las imágenes que creaban se publicaban en las crónicas oficiales de los viajes y tenían mucho éxito entre el público europeo, que anhelaba descubrir nuevos lugares y gentes desconocidas.

En los últimos años, algunos artistas contemporáneos del Pacífico han analizado esa clase de imágenes desde un punto de vista crítico. Ponen en tela de juicio el modo en que los habitantes del Pacífico fueron exotizados o bien reducidos a especímenes físicos y sus obras destacan el papel que tuvieron los isleños en los primeros contactos con los europeos.

La extraordinaria vida de A’a

La figura del dios A’a es una de las obras más famosas del arte de Oceanía.

La función de A’a, creado en la isla de Rurutu, fue probablemente contener los huesos de un jefe. Está cubierto por 30 figuritas que evocan la fertilidad y la capacidad del dios de dar vida.

En 1821, en prueba de su conversión al cristianismo, los isleños entregaron la figura de A’a a unos misioneros, que la enviaron a Londres. Más tarde entró a formar parte de las colecciones del British Museum. En 2023, A’a regresó a Oceanía y desde entonces se expone en el Te Fare Iamanaha, el Museo de Tahití y las Islas.

En la actualidad, se le rinde homenaje por ser un viajero que llegó hasta Londres y se hizo famoso. Muchos isleños lo consideran un embajador de su cultura.

A’a: un personaje famoso

Durante más de doscientos años, A’a ha inspirado a muchas personas, entre ellas artistas y poetas. A principios del siglo xx, el British Museum creó un molde de la figura con el que podían hacerse copias en escayola. Picasso encargó una, y el escultor británico Henry Moore tenía dos en bronce. Moore describió a A’a como «un logro técnico extraordinario».

En Rurutu nunca se olvidó a A’a, cuya imagen puede encontrarse en camisetas, sellos de correos o incluso en placas policiales. Ahora, gracias a las nuevas tecnologías, ahora la figura puede imprimirse en 3D.

Cuando A’a regresó a Oceanía en 2023 y empezó a exponerse en el Museo de Tahití, fueron numerosos los visitantes que acudieron a presentarle sus respetos.

Conclusión: plantar cara al futuro

Los habitantes del Pacífico se han enfrentado a grandes desafíos respecto a su forma de vida tradicional. En la actualidad, el cambio climático, el ascenso del nivel del mar y la contaminación de sus aguas amenazan la existencia misma de las islas. En algunos países situados a poca altitud, la gente debe afrontar la perspectiva de tener que emigrar. Profesionales del arte, del mundo académico, de la poesía y la literatura se dedican a concienciar sobre la vulnerabilidad de la región ante el cambio climático, pero también encaran el futuro con fuerza y creatividad.

George Nuku es conocido internacionalmente por sus instalaciones artísticas realizadas con botellas de plástico. En Bottled Ocean 2125 [Océano embotellado 2125], una pieza ambientada en el siglo XXII, nos presenta su visión de lo que podría pasarle a nuestro planeta. Criaturas marinas como tortugas, rayas, tiburones y medusas habitan un mundo oceánico inundado de plástico. En lugar de limitarse a ver pruebas de la destrucción medioambiental, Nuku ofrece una visión transformadora de los residuos que obliga a los visitantes a reconsiderar su relación con el plástico.