En toda Oceanía, los tejidos son objetos de gran valor que se ofrecen como obsequio en momentos importantes de la vida, como nacimientos, defunciones y bodas. Los más valiosos se convierten en reliquias que pasan de generación en generación. Tradicionalmente, las mujeres eran las responsables de la producción textil y también las encargadas de enseñar a las niñas de la familia el arte de tejer y trenzar, ya que transmitir esas habilidades era una forma de garantizar que la siguiente generación pudiese confeccionar tejidos.
Cuando se introdujeron en la región las prendas y las telas europeas, el papel de los tejidos indígenas fue en declive. No obstante, en muchas islas se han recuperado las tradiciones de tejeduría. En la actualidad, los sombreros, los abanicos, las cestas y las esteras son objetos populares entre los turistas, y tejerlos permite a algunas mujeres obtener unos ingresos para vivir y mantener a su familia.
Los tejidos de Oceanía se confeccionan a partir de distintos tipos de fibras naturales, por ejemplo pandano, hibisco, coco o lino. Antiguamente, las mujeres pasaban gran parte de la jornada trabajando las fibras: recolectar hojas, rasparlas, ablandarlas y golpearlas para poder tejer con ellas exigía tiempo y esfuerzo.
Las técnicas son muy variadas, desde tejer con los dedos o con telar hasta trenzar, entrelazar bucles o batir tela de corteza.
La moda es un aspecto importante en la confección de tejidos y, en las islas del Pacífico, la aparición de nuevos estilos y diseños es una constante. Los creadores textiles, libres hoy de las presiones de la tradición por reproducir determinados estilos, innovan continuamente e incorporan nuevos materiales y técnicas a su arte.
Las mujeres crean piezas textiles expresamente para regalárselas a sus amistades y a la familia y todo el mundo quiere ir a la última moda. Además, el turismo ha aportado nuevas oportunidades en algunas islas y hay quien puede ganarse la vida tejiendo.
