En algunas tradiciones espirituales, la feminidad es fuente de autoridad, liderazgo y fuerza física excepcional. Diosas marciales, como Minerva en la época romana y Sekhmet en el antiguo Egipto, eran veneradas como líderes de ejércitos capaces de desatar la violencia más extrema.
A menudo, estos seres están relacionados con la justicia. Aunque puedan parecer figuras sanguinarias y crueles, probablemente eran invocadas para pedir protección y estaban dispuestas a adoptar las medidas necesarias para proteger a las personas. Hasta la fecha, deidades como Durga, la diosa hindú de la guerra –encarnación del poder femenino divino–, son veneradas por su sabiduría y valentía supremas.
