El poder femenino se asocia a menudo con la naturaleza y la abundancia de la tierra y el mar. Muchas culturas ven en la tierra una fuerza maternal que sustenta la vida.
Al igual que la naturaleza misma, las diosas y otros espíritus que encarnan el mundo natural pueden ser creadoras y destructoras a la vez, y tienen un gran poder de decisión sobre la vida y la muerte. Pele, la diosa hawaiana de los volcanes, destruye la tierra con la fuerza de la lava, pero, al hacerlo, permite a su vez que la tierra se regenere y la vida prospere nuevamente.
En las distintas historias de la creación que narran los orígenes del mundo se evidencia una cierta alternancia en los roles de género. En algunas tradiciones espirituales la figura creadora es femenina, en otras es masculina, mientras que en muchas es la unión de ambos sexos la que da a luz a la tierra y a la humanidad.
