Después de los estilos iniciados por los tatuadores Leo Zulueta y más tarde Alex Binnie, Xed LeHead y Yann Black, una nueva generación ha encauzado el tatuaje hacia el tercer milenio.
En la actualidad se distinguen dos corrientes. Por un lado, algunos artistas basan su labor en la reinterpretación de géneros históricos y añaden al irezumi japonés, al tatuaje de la vieja escuela americana o al fine line la vena salvaje del tatuaje ruso del gulag o la descarnada línea francesa. Por otro lado, hay quien formula estéticas liberadas de los códigos clásicos para explorar las posibilidades de las artes gráficas, en las que las tipografías, los píxeles, las tramas y los esquemas dan lugar a otro tipo de motivos y composiciones que rayan en la abstracción.
Esta segunda tendencia no basa directamente su filosofía artística en el legado de los grandes maestros tatuadores, mientras que la primera sigue impregnada del pasado para elaborar un repertorio a la vez referencial y contemporáneo. No obstante, ambas se caracterizan, desde hace varias décadas, por una irreductible voluntad de renovar el tatuaje y cuestionar ideas preconcebidas. Imponen una nueva estética en la que coexisten el reconocimiento de un legado, un deseo de autonomía respecto de ese legado y la apropiación de imágenes novedosas para conquistar su legitimidad en el mundo del tatuaje.
