El aumento de la temperatura global favoreció la extensión de los bosques. Esta pérdida del hábitat de pradera mermó las poblaciones de mamuts. A esto se sumó la presión cinegética a la que estaban sometidos. La combinación de ambos factores resultó ser fatal, y hace unos 4.000 años desaparecieron los últimos mamuts lanudos de la isla de Wrangel, en el Ártico ruso. Recientes estudios del ADN ambiental, obtenido de muestras del suelo, han revelado que en Siberia hubo mamuts hasta hace 3.900 años. Sus parientes vivos, los elefantes, afrontan idénticas amenazas. La caza furtiva, principalmente, y la pérdida de hábitat hacen que las tres especies estén en peligro de extinción. Depende de nosotros que no tengan idéntico final.
Mientras los elefantes encaran un futuro incierto, varios equipos científicos intentan desextinguir a los mamuts a partir del ADN obtenido de ejemplares bien conservados. Sin embargo, el ADN se degrada en pequeños fragmentos, lo que de momento imposibilita el éxito de la misión. Esta propuesta no está exenta de controversia y genera un debate ético sobre si debe hacerse o no y con qué fin, más allá del avance científico.
