ADAPTACIONES
AL FRÍO

Contrariamente a la creencia popular sobre el hábitat del mamut, en la mayor parte de su área de dispersión no había copiosas nevadas, pero estos proboscidios sí debían lidiar con bajas temperaturas.

Tres son los tipos de pelo que encontramos en el mamut lanudo para protegerse del frío. Un vello fino de 5 centímetros que evitaba la pérdida de calor, y luego unos pelos de 15 a 30 centímetros de largo que les aislaban bien. Por último, los mamuts tenían unos pelos gruesos y huecos, de hasta 90 centímetros, a lo largo de los flancos y bajo el mentón. Glándulas sebáceas secretaban un líquido que impermeabilizaba el pelo. Es probable que en primavera mudasen el pelaje.

Una espesa capa de grasa de 8 a 10 centímetros les confería aislamiento, y la reducción del tamaño de las orejas y la cola minimizaba las pérdidas de calor. Además, un repliegue de piel protegía el ano por completo.

Por el estudio de su ADN, sabemos que su hemoglobina liberaba el oxígeno a las células en condiciones de baja temperatura, una adaptación al clima ártico en la que las extremidades están frías. La planta de los pies era rugosa para mejorar su adherencia al suelo.