Al término de la Segunda Guerra Mundial triunfaron en Francia y Bélgica las publicaciones juveniles, entre las cuales la revista Tintin y Le Journal de Spirou. Cada una de estas dos revistas competidoras reivindicó su propia línea editorial, hasta tal punto que se crearon dos escuelas muy diferenciadas: la escuela de Bruselas, caracterizada por la línea clara de Hergé, y la escuela de Marcinelle, representada por André Franquin. En 1959 nacía otra revista importante, Pilote, que triunfó desde su primer número con Astérix, la mítica serie de René Goscinny y Albert Uderzo. Pilote llevó el cómic al gran público y dio a conocer a una nueva generación de dibujantes: Jacques Tardi, Jean-Claude Forest, Jijé y Didier Comès, entre otros.
Después de 1968 se gestó otra gran revolución con la consolidación de un cómic adulto, que aspiraba a ampliar sus horizontes con nuevos temas y nuevas estéticas: L’Écho des Savanes, Métal Hurlant, Fluide Glacial y más tarde (À SUIVRE) se inscriben en este movimiento, con proyectos editoriales radicales e innovadores.
